Horno Delicias 1

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Mi nombre es Alfonso, pero en el barrio todos me llaman Fonsito, o el del pan. Empecé de repartidor a los catorce y llevo veinte años igual; podría hacerlo con los ojos cerrados. A las seis de la mañana llega la furgoneta del “Horno Delicias” a recogerme y me voy con Fernando, el conductor, a repartir el pan por las tiendas del barrio.
Dicen que soy retrasado, y por eso sigo haciendo lo mismo, pero yo no lo creo. Tuve que dejar los estudios y empezar a trabajar cuando mi padre se fue al extranjero a vivir con otra mujer. Mi madre se deprimió tanto que no pudo moverse de la cama durante años; ahora sólo sale a la calle para ir al mercado o poner su bonoloto semanal, el resto del día lo pasa sentada frente al televisor.
No he vuelto a ver a mi padre.
De todas formas no me gustaba mucho ir al colegio, allí se habían reído de mi desde el primer día que entré en una clase.
Mi mejor amigo, el único que me llama Alfonso, es filósofo; aunque la gente del barrio lo tiene un poco marginado por su afición a la bebida y a pasar los días y las noches en el mismo banco, junto a la entrada del parque. 
 
Mi vida se ha desarrollado muchos años entre el trabajo, las conversaciones con mi amigo, y mis comidas frente al televisor, junto a mi madre, viendo a Rosa.
Rosa fue mi vecina, y de niños éramos amigos. Luego ella empezó a hacer anuncios en la tele y las revistas y se marchó a vivir al centro de la ciudad. Ahora sale en una teleserie que nunca me pierdo.
Cada tarde, me acerco al banco del parque a ver a mi amigo. Nunca he sabido su nombre porque hace ya mucho tiempo, dice, que no lo usa. Yo quisiera hacer lo mismo; prefiero no tener nombre a que me llamen “Fonsito”. 
Yo le llevo periódicos o revistas viejas y él me las lee y las comenta. Sé leer, pero me divierto más oyéndole interpretar las noticias, o hablar de paises lejanos y animales raros. 
También me ha contado la vida de muchos filósofos, como la de un griego, creo, que vivía en un barril y aseguraba ser libre y feliz.
A veces me cuesta seguir sus ideas, pero en general nos entendemos bastante bien.

Me ha contado que, por las noches, ha visto gnomos en el parque. La verdad, no sé 
si creérmelo, pero él está muy convencido de ello. Asegura que la gente no los ve 
porque no cree en ellos, y eso hace que sean invisibles. 

 Dice barbaridades de los políticos; a mi tampoco me caen bien esos personajes que salen en la tele discutiendo, abrazando gente y prometiendo cosas que no van a cumplir. Otra de sus ideas es que que habría que robar todos los bancos; a mí me parece peligroso; pienso en un arma y se me hace un nudo en el estómago. Una vez se lo comenté, pero él me respondió que entonces mi estilo tendría que ser más como el del Dioni, ése que se llevó el dinero de la furgoneta de seguridad del banco en que trabajaba sin amenazar a nadie ni pegar un solo tiro. Todo un artista y un ejemplo a seguir, según mi amigo, claro.
Esta es mi vida, sencilla ¿no?, pues ya no existe. Ahora estoy frente al mostrador de una agencia de viajes del aeropuerto de Barajas intentando decidir un nuevo destino para vivir. ¿Cómo he llegado hasta aquí?
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2 respuestas a Horno Delicias 1

  1. Andrés dijo:

    Opción A: El Alfonso le ha metido el palo a los del Horno y escapa con la harina vendida durante años.Opción B: Fonsi ha raptado a Rosa (con su consentimiento) y ha cobrado un pastón de rescate a la productora, que no puede detener el programa.Opción C: Algo relacionado con el padre le reclama.Opción D: A la vieja le tocó la bonoloto.Opción D: El Alfonso ha escuchado la llamada de los gnomos.Opción E: Todas las anteriores.-Sito-PD: Un beso, Joaquín. Alucinante tu blog! Me estás malacostumbrando, Marlon Brando!!!

  2. joaquin.ng dijo:

    cerca, cerca.. un pokillo de paciencia..un beso, Sito

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