Siete y media – Andrés Inglés –

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-Qué cruz tengo contigo. Ya no puedo más. Vamos a dejarlo.
Así empezó lo que puede llamarse el final de la historia. Mario sudaba nervioso, miraba para otro lado y se mordía la lengua con rabia. Era la última vez, se prometía; sí, esta será la definitiva: -Una más, sólo una más.
-No, yo ya no quiero, Mario.
-¡Sí, una más! ¡Doble o nada! ¡Me lo juego todo!- imploró Mario mientras colocaba la pila.
Julio estudió brevemente la mirada de Mario. Doble era demasiado para él. No conseguiría pagárselo. Julio, por su parte, no necesitaba las ganancias. ¿Para qué seguir?
-No tienes para pagar doble. Déjalo ya.
-Te lo daré todo, haré lo que sea. Pero sólo una más.
-¿Pero por qué es tan importante para ti, Mario?
-Porque te odio.
“Ostia… esa sí es una buena razón”. Julio estuvo pensándolo en el tiempo en que Mario tardó en recomponer la siguiente jugada… Miraba, y le deseaba que ganara. Ya no habría más partidas, pensó: el odio es muy mal compañero sobre la mesa. -Saca.- le dijo.
Mario se incorporó, miró la pila con desafío, respiró pausadamente, y tomó su tazo especial entre los dedos. Luego, en un gesto mecánico aprendido en cada una de sus horas de práctica, balanceó las piernas, ganó impulso, echó el brazo atrás…. y ahí fue…. lanzó con toda su alma, con todo su miedo; y con toda su esperanza. -¡Ahí va!…. ¡Puuuumba!
Entonces ocurrió, casi a cámara lenta… La pila a cuatro metros reventó fuera del círculo con la forma caprichosa de una raiz del jengibre. Mario ni se lo creía boquiabierto -¡¡Le he dado, le he dado!! ¿¿Lo has visto??- Julio apretó los puños como si él mismo hubiera triunfado. Y saltó, y corrió, y fue a abrazar a Mario que reía emocionado.-¡¡Le di!! ¡¡Le di, Papi, le he dado!!- Julio aupó a Mario tan alto como pudo, ¡como al Maestro Antoñete en Puerta Grande de Madrid!; y enterró la trufa de su nariz en la tripina de Mario envuelta en algodón, y le hacía cosquillas.
-Bájame, bájame.- le dijo Mario.
Y una vez en el suelo, Julio le ofreció deportivamente la bolsa con los premios. -Toma, tío, las chuches.
-Mañana me compras más, ¿eh?
-Bueno, vale.
-Sí si… y nos las jugamos otra vez. ¿Lo has visto? ¡la he petado desde abajo y puuuuumba!
-No, mejor que no, Mario; yo no quiero jugar a apostar.
-Joer, ¿pero por qué no?, ¡si es muy divertido, Papi!- y Mario ponía carilla de decepción.
-Porque me ganas, joer.
-Entonces esfuérzate más. Si no, tendré que dejarme ganar, Papi.- le decía burlón.
-Jajajajjajaja ¡Pero qué cruz tengo contigo, qué cara tienes!!!
El cielo se cerraba sobre mi barrio. Julio y Mario volvieron a casa de la mano. Los pequeños dramas cotidianos se fueron a dormir. Haaasta mañana.

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2 respuestas a Siete y media – Andrés Inglés –

  1. Andrés dijo:

    Oye, qué bueno es este payo, ¿no??? (Y no tiene abuelita…) Jajajjaa.Bueno, fuera de bromas, ¡gracias por subirlo, Joaquín! Eres un beso de tío.

  2. joaquin.ng dijo:

    muy bueno Sito! gracias por colaborar y mandame mas textos cuando quierasun abrazo

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