la mejor respuesta

dicen que, a veces, la mejor respuesta es el silencio

adoro el silencio. le da sentido a la música y a las palabras.
me encanta poder disfrutar del silencio, solo o en compañía de personas con quienes me siento cómodo (no es posible compartir un buen silencio con cualquiera)

también me gustan las palabras, disfruto utilizándolas (a veces demasiado..) pueden herir o sanar, hundir o levantar, emocionarte o enfadarte, excitarte o calmarte. son bellas; si sabes utilizarlas, te abrirán muchas puertas y ampliarán tu experiencia.

ahora ¿cómo combinar las palabras con el silencio?
si envío palabras (con mayor o menor acierto..) para expresar lo que pienso y recibo medias contestaciones y silencios, tendré que utilizar mi imaginación e interpretar lo que me llega.
gran responsabilidad, interpretar el silencio de alguien a quien no le estás viendo la cara. aun así me arriesgo a encontrarle un significado:
como no puedo saber lo que piensas, y respeto tu derecho quedarte en silencio, busco el significado en otro sitio (es decir, aquí y ahora). miro alrededor, me gusta mi vida; tiene momentos mejores y peores, pero me gusta mucho. así que le pregunto a mi vida y luego me despreocupo porque sé que la respuesta vendrá por sí sola..

..y viene: voy paseando, hace una buena tarde. me siento junto al canal a dibujar y, cuando menos lo espero, zas, una idea muy clara me atraviesa
-¿qué estás buscando en el pasado, Joaquín? déjalo dormir en paz, cada cual debe seguir su camino
-pero si yo sólo quería hablar, ver a la persona y poner las cosas en su sitio (le respondo a la voz)
-ya lo has intentado lo suficiente. todo está en su sitio, no es necesario darle más vueltas

vuelve el silencio
sí, todo está en su sitio: la tarde sigue cayendo lentamente y en el canal nada una pata con sus patitos. termino el dibujo y sigo mi camino

y, así, cada cual va recorriendo un camino, que a veces se cruza con el de otros, corre paralelo a ellos, o se separa para siempre siguiendo los caprichos del destino.

Joaquín.ng

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razones

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Después de mucho tiempo intentando que mis actos fueran más grandes que mis palabras (según aconseja una vieja frase) me di por vencido; por más que me esforzaba, mis palabras seguían siendo más numerosas, y atrevidas, que mis actos.
También dicen que, a veces, rendirse es la forma de comprender. Cuando uno deja de empujar en la dirección equivocada, aparecen las soluciones. ¿La mía?
Mis actos no van a ser mayores que mis palabras, eso quedó claro; pero no todo está perdido:
A partir de este momento, mis palabras son mis actos.
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